LA JURISPRUDENCIA PSICOLÓGICA Y EL CAMBIO SOCIAL RADICAL

DENNIS R. FOX

 

Traducción y resumen:

Jaime Ernesto Vargas-Mendoza

 

  

 

 

 

 

1.       RESUMEN.- La Psicología organizada, cada vez más, busca promover el bienestar humano mediante recursos tales como los alegatos en las cortes y las defensas legislativas, así como otros instrumentos congruentes con una jurisprudencia psicológica emergente, que dirige la atención de los abogados hacia valores psicológicos fundamentales como la dignidad, la privacidad, la justicia, la igualdad y la autonomía. Aquí se sugiere que este trabajo liberal bien intencionado, esta casado con un estatus quo legal que impide un cambio social significativo mediante la coerción, el énfasis en los procedimientos y no en la justicia sustantiva y en el mito de la legitimidad legal. Estos impedimentos inevitablemente limitan a los psicólogos para esgrimir una psicología radical de izquierda y mantenerse al lado de los valores identificados por el nuevo paradigma. Los psicólogos interesados en las leyes deben buscar la identificación de los aspectos, en la ley y en la sociedad, que limiten el óptimo bienestar, promover la insatisfacción ante estas condiciones y ayudar a los movimientos sociales que persigan el derrumbamiento de los impedimentos del cambio social.

2.       Poco antes de ser asesinado por un escuadrón de la muerte de militares salvadoreños, el psicólogo social Ignacio Martin Baro (1990) reconoció la conexión entre su investigación y la arena política: “Al intentar ser científicamente neutral, uno rápidamente se convierte en un colaborador del poder establecido, ocultando el conflicto de intereses que entra en juego dentro de la esfera religiosa aparentemente “apolítica”… No es lo mismo la objetividad que la imparcialidad con respecto a los procesos que necesariamente nos afectan a todos. Por eso es que resulta más útil al análisis psicológico el que uno se vuelva consciente de su propio involucramiento y de sus intereses, en lugar de negarlos como un intento de existencia en un falso plano superior, “más allá del bien y del mal”.” (pp. 104-105)

3.       Aun cuando los psicólogos en los Estados Unidos no enfrentan los mismos riesgos que Martin Bravo, también pueden beneficiarse copiando su preocupación por las consecuencias políticas de su involucramiento profesional. Desafortunadamente, aun cuando los psicólogos, individual y organizadamente, han abandonado los esfuerzos por situarse por encima de la lucha política, en nombre de una supuesta objetividad, los esfuerzos de la Asociación Psicológica Americana (APA) por influenciar a la política pública para que mantenga una obligación ética para promover el bienestar humano, estos solo se confinan en un terreno social y político moderadamente liberal. Por diversas razones prácticas, profesionales y personales, los psicólogos típicamente procuran mejorar las vidas de las personas mediante reformas del estatus quo, en lugar de una modificación radical de este (Sarason, 1981; Smith, 1990).

4.       No todos los psicólogos se sienten cómodos con los tradicionales vínculos cercanos del dominio liberal. Una sorprendentemente amplia literatura presenta un punto de vista alternativo: que como psicólogos deberíamos romper nuestras ligaduras con el estatus quo y buscar, en cambio, un cambio social más amplio. Aunque hay que decir que quienes defienden este cambio difieren entre sí respecto a las metas, los métodos y su auto-denominación política. Ellos generalmente están de acuerdo solo en que una transformación estructural fundamental, podría efectivamente contender con la jerarquización, el aislamiento, la inequidad, etc., reducir el racismo, el sexismo, la homofobia y otras formas de opresión, y permitirnos una sociedad humanitaria, igualitaria y justa, consistente con el bienestar psicológico y social.

5.       Algunos psicólogos han invocado un cambio social en una dirección hacia la descentralización, el anarquismo, el enfoque comunitario igualitario (Chomsky, 1973; Fox, 1985; Fromm, 1955; Goodman, 1966/1979; Maslow, 1971; Sarason, 1976/1982). Otros han notado la importancia del cambio social para aumentar el empoderamiento (Rappaport, 1981, 1987), la cooperación (Kohn, 1986), la justicia distributiva (Deutsch, 1985), y la resistencia ante la autoridad injusta (Kelman & Hamilton, 1989), así como para decrementar el consumismo y el materialismo (Wachtel, 1983) y el “poderío superfluo” (Freiberg, 1991).

6.       Particularmente, los psicólogos comunitarios han insistido mucho en que la prevención de los desórdenes mentales debe empezar con “una amplia reforma social”, con objeto de prevenir “el malestar emocional y los disturbios mentales en nuestra sociedad, que son debidos a influencias sociales deshumanizantes” tales como la opresión, el trabajo enajenante, el racismo y el sexismo (Albee, 1982, p. 1044). En las palabras de Albee, “entre más se involucra uno en la prevención primaria, más se involucra uno políticamente y más se percata uno de que los verdaderos esfuerzos preventivos tienen que involucrar cambios sociales y políticos (Freiberg, 1991, p. 28).

7.       Los retos alternativos en la perspectiva psicológica del reformismo liberal se enfocan en el dominio de la psicología y las leyes, cuestión que es especialmente importante. Como lo indica Tapp (1974) “para algunos las leyes son el principal recurso para producir un cambio, mientras que para otros, son el principal mecanismo mediatizador que impide el cambio” (p. 65). Aunque la mayoría de los liberales insisten en que “las leyes permiten gestar el cambio social mediante la restructuración de las relaciones sociales y económicas” (Melton & Saks, 1986, p. 244). Pero los activistas radicales rápidamente se han dado cuenta de que el papel “mediatizador” de las leyes es más poderoso que su rol “efectivo”. En pocas palabras, las leyes pueden ser tanto un oponente como un aliado para aquellos que buscan el cambio fundamental.

8.       De acuerdo con Haney (1980), “los psicólogos se han visto lentos para decidir si quieren mantenerse al margen del sistema legal para estudiarlo, criticarlo o cambiarlo, aunque también pueden aceptarlo y ser unos empleados de él” (p. 152). Nos queda cada vez más claro que, como la mayoría de los psicólogos no son radicales, están más dispuestos a ver en las leyes la vía de una reforma social potencial, que en reconocerlas como un obstáculo para un cambio fundamental. Esta percepción se adiciona a la capacidad del “estado de derecho” para impedir el activismo de los psicólogos (Haney, 1980, p. 152). Así, se limitan los esfuerzos reformistas a lo que pareciera legalmente razonable y se deja a un lado el cambio social radical que necesitaría una sociedad más saludable.

9.       Al examinar la función que tienen las leyes para mantener un estatus quo desde una perspectiva desde fuera y no desde dentro, surgen cuestionamientos acerca de la confianza con la que los psicólogos organizados contribuyen a los litigios, como amigos de los juzgados (DeLeon, 1986; Roesch, Holding, Hans & Reppucci, 1991; Tremper, 1987). Si es cierto que el confiar en las leyes a veces retiene el cambio social fundamental, entonces la psicología organizada debería, al menos algunas veces, oponerse a las acciones legales, en vez de verlas con buenos ojos.

10.   Jurisprudencia Psicológica y Defensa Apelativa.- Grisso y Saks (1991) buscando justificar solo una forma limitada de defensas apelativas, argumentan que nuestra meta al escribir dictámenes psicológicos defensivos no debe ser la de “ganar el caso”, sino simplemente “hacer que los jueces sean justos, dejando en claro los valores fundamentales y las premisas en las que deben fundamentar sus decisiones, en lugar de esconderse detrás la incertidumbre o los errores empíricos” (p. 208).

11.   Los valores psicológicos son claramente relevantes para la política legal.          De acuerdo con la poderosa jurisprudencia psicológica emergiendo bajo la influencia de Gary B. Melton (Melton, 1987, 1988, 1990, 1991; Melton & Saks, 1986; Wiener & Melton, 1990), los psicólogos pueden y deben basar explícitamente su investigación enfocada a las leyes y sus recomendaciones políticas, en el máximo uso de valores psicológicos deseables, como son la dignidad, la autonomía, la privacidad, el sentido psicológico de comunidad, la igualdad y la justicia. Ya que el conflicto con estos valores subyace a muchos conflictos legales, una jurisprudencia psicolegal que usa explícitamente estos valores para evaluar que tan deseable y efectiva es una política legal, es una adición bienvenida entre las preocupaciones de la psicología respecto a los temas sociales.

12.   Sin embargo, Melton no distingue claramente entre como debería funcionar la ley y como funciona realmente. Melton insiste (sin mencionar ninguna evidencia) que “a pesar de todo, la justicia en las sociedades con un régimen de derecho gradualmente tienden a respetar la dignidad humana” (1991, p. 14).     No obstante, una contra argumentación razonable basada en una visión a largo plazo de los registros históricos y antropológicos, sostiene que el desarrollo de los sistemas legales estatales representan un deterioro social y no un avance evolutivo (Diamond, 1974).

13.   Las Leyes en oposición al Cambio Social.- Una crítica radical de los vínculos entre la psicología y el estatus quo, iniciándose con la suposición de que la ley es inherentemente ventajosa, dirige nuestra atención a la forma en que las leyes impiden el cambio social fundamental, aún cuando permitan reformas liberales más modestas. Para estimular esta atención, voy a especular brevemente sobre dos aspectos interrelacionados de las leyes que los psicólogos frecuentemente apoyan, pero sin prestar suficiente atención a la forma en que estos aspectos inhiben el cambio social progresivo, y estos son : el énfasis que hacen las leyes sobre la justicia procesal y los tecnicismos para desviar la atención de la necesaria justicia sustantiva y la forma en que se alientan los mitos que legitiman el control legal. Estos dos factores, inherentes a las leyes, limitan el cambio social tanto directamente como mediante una diversidad de “efectos colaterales” de las reformas sociales.

14.   Un ejemplo de lo anterior son los retos electorales que viven los Estados Unidos y que son contenidos por las legislaturas estatales, que imponen tiempos cortos y una gran cantidad de trámites. Los proyectos de los activistas raramente tienen éxito, dadas las demoras en los litigios, los costos, los errores de procedimientos y el criterio de los jueces. El control político, la infiltración y la represión de los grupos activistas continúa, así como las estrategias de lucha como la resistencia, la infracción de las reglas, los disturbios de la paz, etc.

15.   En respuesta a la coerción social, los psicólogos podrían expandir sus esfuerzos esporádicos para ayudar a defender a los activistas políticos y examinar cómo se utiliza la maquinaria de la coerción legal.

16.   El Argumento Tramposo de la Justicia Procesal.- Un método esencial que emplean las autoridades para desinflar los reclamos por un cambio social significativo consiste en centrar la atención sobre la justicia procesal y fortalecer los tecnicismos legales, con objeto de desviar la atención e impedir mayores manifestaciones demandantes una justicia sustantiva y cambios más radicales. Este enfoque procesal lleva a la trampa de la “falsa conciencia” (Tyler, 1990): “Los líderes en el gobierno pueden encontrar más fácil crear las condiciones para proyectar una “percepción de bienestar”, que resolver verdaderamente los problemas o proporcionar los beneficios reclamados” (Tyler, Rasinski & Griffin, 1986, p. 976). Desafortunadamente, los psicólogos que se enfocan en la justicia procesal, fácilmente pueden subestimarse y aceptar resultados superficiales.

17.   Cuando las leyes insisten en que las reglas del juego son más importantes que los logros, la injusticia es tolerada debido a que pareciera que fuera el resultado de un proceso legítimo (Deutsch & Steil, 1988; Gibson, 1989; Hochschild, 1981; Kairys, 1990; Kluegel & Smith, 1986; Shepelak, 1989).

18.   Los psicólogos que se apegen a la justicia procesal deberían esperar resultados más sustantivos y conducir la insatisfacción de los demás cuando ostensiblemente se enmascare la injusticia tras procedimientos aparentemente correctos (Deutsch & Steil, 1988). “La psicología es posiblemente la ciencia más apropiada para instaurar tal conciencia. Al exponer los mecanismos de la ideología preominante, la psicología puede hacer una importante contribución al curso del cambio social” (Prilleltensky, 1989, p. 799).

19.   El Argumento Tramposo de la Legitimidad.- Un conjunto de mitos y suposiciones inspiradas ideológicamente conduce a la creencia fundamental de que la ley es legítima, que la obediencia de las leyes es apropiada simplemente porque las autoridades legales tienen el derecho de imponer requisitos (Friedman, 1985; Kelman & Hamilton, 1989). La creencia difundida de que las leyes son legítimas permite a las autoridades gubernamentales contar con la cooperación voluntaria para pedidos que de otra manera serían rechazados.     Así, “se induce a la gente a obedecer órdenes sin el uso de la fuerza (Friedman, 1985, p. 30). La legitimidad es un enorme obstáculo para el cambio social (Lefcourt, 1971).

20.   La idea de la legitimidad es relevante para la jurisprudencia psicológica por el impacto simbólico de la ley, el significado subjetivo de las leyes en la vida cotidiana, la socialización legal y el desarrollo de una conciencia legal. En buena parte, los psicólogos aceptan la suposición dominante de que hay que fortalecer esta legitimidad para aumentar la aceptación de las demandas de las autoridades, al menos de las “autoridades legales que en verdad respeten a los ciudadanos” (Melton, 1991, p. 14). Desafortunadamente, poca atención se presta a la posibilidad de que las autoridades legales no sean tan benevolentes como supone el mito de la legitimidad. Consecuentemente, el mito posibilita que estas autoridades definan a sus críticos como peligrosos e impidan la protesta pública de los radicales mediante una coerción procesalmente correcta.

21.   El mito de la legitimidad nos lleva a ver las demandas de un cambio social como peligrosas y no como liberalizadoras (Tapp, 1974).

22.   También es un mito pensar que solo mediante las leyes puede haber legalidad y sus correlatos de justicia, obligación y responsabilidad, bajo estas suposiciones es más probable el surgimiento de leyes represivas y autoritarias (Tapp, 1974, p. 54). Así es pues que McBride (1974) nos advierte que “en cualquier eventualidad evolutiva hacia un sistema de control social ilimitado, la intensificación del sentido de obligatoriedad ante la ley resulta ciertamente crucial (p. 31).

23.   Los Efectos Colaterales y la Visión Anarquista.- Aún cuando las leyes ayudan a las elites a dominar a los otros, quienes se apegan a la reforma legal generalmente tienen propósitos benevolentes. Con suficiente frecuencia como para mantener la con fianza en este enfoque, los liberales exitosamente orientan las leyes humanísticamente, haciendo la vida un poco mejor para muchas personas. Desafortunadamente, con frecuencia los esfuerzos reformistas tienen éxito a costa de desintencionados e impredecibles efectos secundarios o colaterales, que complican otros problemas y conducen finalmente al fracaso, parcialmente porque los que parecían ser problemas sociales separados resultan estar relacionados de hecho (Fox, 1991).

24.   Uno de los más comunes efectos colaterales desintencionado (pero no impredecible) ocurre cuando las soluciones legales reducen la habilidad y la motivación de la gente para trabajar con otros en soluciones comunitarias para los problemas sociales (Bankowski, 1983; Black, 1989; Bradney, 1985; Fox, 1985). Sarason (1976/1982) denominó a este fenómeno como la visión anarquista central, cuando el urgía a los psicólogos comunitarios el que tomaran en cuenta el grado en que el estado centralizado inhibe tanto la autonomía individual como el sentido psicológico de lo comunitario. Así, aunque la reforma legal pueda “servir” en cierto sentido, lo hace forzando las interacciones humanas complejas en un marco legal artificial, creando una dependencia insalubre hacia las autoridades legales.

25.   Las leyes pueden reducir las capacidades individuales y comunitarias por diversas razones. Black (1989) nota que “en teoría, la ley hace que la confianza sea innecesaria, incluso obsoleta. Cuando las leyes tienen completamente el poder, la misma moral pierde relevancia. Lo bueno y lo malo se convierte en la especialidad de profesionales como abogados, policías y jueces” (p. 85). McBride (1974, p. 33) argumenta que las leyes “tienen un efecto alienante y represivo sobre los miembros de la sociedad, especialmente en aquellos que ocupan roles sociales subordinados”. Y M. J. Lerner (1982) concluye que las leyes enseñan que la gente no es capaz de ser buena, a menos que se le fuerce a ser buena.

26.   Directrices para la Atención Psicolegal.- En su revisión de la American  Psychology-Law Society (AP-LS) (Sociedad Americana de Psicología Legal), Grisso (1991) delineó el desarrollo organizacional del individuo desde la gestación hasta la adolescencia, terminando con la corriente de pensamiento reciente denominada “Toward Adulthood” (hacia la adultez), en la que la organización de la identidad se debiera caracterizar por una mayor madurez. Sin embargo, el peligro consiste en que la seducción hacia el uso mayoritario de la legitimidad (el gobierno de las leyes), produzca más bien personas que en la mitad de su vida se sientan estancadas, sin posibilidades y desilusionadas.

27.   Cuando en lugar de esto, buscamos una identidad liberalizadora, los estudiosos del ámbito psicolegal deberían reexaminar sus supuestos que les indican que las leyes son suficientes para redimir al hombre y concentrarse en remplazar las leyes con soluciones no legales para los problemas humanos y en cambiar la sociedad de tal manera significativa que el uso de las leyes pueda finalmente reducirse. En lugar de buscar leyes congruentes con nuestros valores, deberíamos encontrar nuestros valores reflejados en nuestras teorías psicológicas, en nuestra ideología política y en nuestra ética individual y la de nuestras organizaciones profesionales. Las leyes resultan simplemente irrelevantes para las concepciones de lo que pudiera ser psicológicamente deseable.

REFERENCIA:

La Jurisprudencia Psicológica y el Cambio Social Radical.

Dennis R. Fox

American Psychologist, 1993, 48, 234-241

 

 

 

En caso de citar este documento por favor utiliza la siguiente referencia:  

Vargas-Mendoza, J. E. (2009) La jurisprudencia psicológica y el cambio social radical. Resumen. México: Asociación Oaxaqueña de Psicología A.C. En

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Última actualización 1 de enero del 2009